En días pasados apareció la noticia de que la UdeA lidera el ranking nacional de universidades con el mayor número de investigaciones científicas. A pesar de que este es un indicador bruto que no determina el impacto o pertinencia de esta investigación, sí es de destacar que la UdeA supere a las bien financiadas universidades del top 5 como son la Nacional Sede Bogotá, los Andes, la Javeriana y la Universidad de la Sabana. Por esta distinción, yo quiero reconocer a los investigadores de la UdeA, y muy especialmente a la labor de todos los vicerrectores administrativos, sí, los administrativos, porque son ellos en últimas los que han "sudado" la camiseta para pagar los incentivos que mueven la rueda de la investigación, y al hacen posible que la UdeA ostente esta posición. De paso, gracias a los profesores y administrativos que hacen extensión, porque con su aporte, se paga lo que el presupuesto no alcanza.
Sin embargo, el éxito en este ranking es un triunfo agridulce. Por un lado, es muy bueno ver a la UdeA arriba en un indicador tan importante que espero pueda capitalizarse. Pero de otro lado, es triste que este triunfo sea esencialmente el resultado de una sumatoria de iniciativas individuales o grupales, y poco o casi nada, del resultado de una política de universidad proveniente de un proyecto colectivo. En otras palabras, en el único indicador en el que la UdeA está arriba en Colombia, mi percepción es que la UdeA como institución, realmente tuvo muy poco que ver.
Hay que considerar que la investigación es la única actividad misional de la universidad que trabaja con un viento (huracán) de cola: El decreto 1279. Y después de 16 años de trabajo en la UdeA, la experiencia propia y de mis colegas me ha indicado que el éxito en este ranking depende esencialmente de dos componentes: el componente humano, con la tenacidad, ambición, organización, pasión y hasta la explotación laboral de algunos investigadores, y el gran incentivo que representa el controvertido decreto 1279, que promueve el aumento del salario por la generación de producción académica. Pare de contar.
Yo reconozco que mi experiencia es parcializada y circunscrita en un área específica del conocimiento, sin embargo, diría que en el 99% de lo que yo, o cualquiera de mis colegas de departamento hemos publicado, nunca la UdeA como institución tuvo algo que ver en cuanto al proceso de generar esa investigación. A lo sumo el apoyo vino del primer proyecto, las colecciones digitales de la biblioteca, el entorno mismo académico, la participación en el consorcio Colombia y el permiso de descargas de hora de cátedra por proyecto inscrito. Un proceso absurdo y notarial que pone a una persona a solicitar un aval para poder investigar en un tema, cuando esta misma persona acaba de ganar un concurso público de méritos por ser supuestamente el mejor en ese tema.
Diría además, que para la gran mayoría de los investigadores de la universidad, las convocatorias CODI son prácticamente imposibles de obtener, incluso si se logran puntajes de 93-94 sobre 100 en la calificación de las propuestas. También, le agregaría que para la mayoría de los investigadores, la SIU, y los privilegios que se gozan allí, son inaccesibles, incluso si su grupo es A1. Y añado que en 16 años solo una persona de mi departamento se ha podido ganar una convocatoria CODI. Proyectos elegibles, sí, y muchos. Y hay que aclarar que estamos hablando de un departamento con dos grupos de investigación que han ganado proyectos de regalías, y con clasificación A de Minciencias, que podrían haber sido A1 si la UdeA hiciera bien su trabajo notarial de aprobar los productos por los cuales ya ha pagado puntos salariales, pero que por no estar en la base de datos de la unidad académica correspondiente, no son reconocidos ante Minciencias.
Muchos investigadores asentirán conmigo que lo que han podido publicar ha sido más a pesar de la UdeA como institución, que por la UdeA. El investigador que llega fresco de un doctorado se encuentra con tres cursos mientras logra montar el proyectico, está de buenas si no lo inaguran con el trámite de un registro calificado, se debe enfrentar a los procesos absurdos como la inscripción de un proyecto, y en algunos casos, "torear" jefes de departamento o asistentes del decano que todavía no entienden el por qué usted quiere pedir horas de su plan de trabajo para investigar. También, se enfrenta a dinámicas particulares de poder en grupos de investigación, y una ausencia total de un entorno institucional que le plantee unos derechos y deberes. Pero eso sí, el neófito será bombardeado con una lluvia de convocatorias y "oportunidades" que expiran en 15 días o a lo sumo un mes.
El investigador que sobrevive a esto, logra hacer unos puntos salariales capitalizando los artículos y las relaciones que le quedaron del doctorado. Después, si no hay una sanción a su grupo de investigación porque una persona debe un producto, usted recibirá la bendición de su primer proyecto que lo tendrá entretenido (y libre de desarrollar uno de los ejes misionales) por dos años. Terminado este proyecto, usted está como al principio: Solo frente a un Leviatán que no tiene reglas públicas. Únicamente los cantos de sirena del 1279 y el afán de conseguir ese etéreo activo académico llamado prestigio, se vuelven el gran incentivo para hacer de la resiliencia un estilo de vida.
Naturalmente, esta no es la historia de todo el mundo, pero sí de casi todo el mundo. Yo celebro la iniciativa de la Unidad Institucional de Gestión de Proyectos (UIGP), creada conjuntamente entre la Universidad de Antioquia y la Fundación Universidad de Antioquia. Sin embargo, llama la atención que los dos días de taller se hagan precisamente en la SIU, y no en un lugar más cercano a todos los investigadores de la UdeA.
Muchas veces he llegado a pensar que el abandono de este eje misional y su entrega a las iniciativas titánicas de unos individuos, se debe a una racionalidad concreta y cierta: por cada artículo que se publica en la UdeA, la institución se desfinancia aún más. Y por esto, a pesar de que sacamos pecho con el ranking, sabemos como institución que el costo para la UdeA es insostenible.
Finalmente, creo que la gestión de la investigación en la UdeA debe ir mucho más allá de consentir a sus estrellas históricas, realizar trámites notariales y mandar información de convocatorias. Necesitamos unos lineamientos clave sobre la pertinencia, la estrategia y la ética de la investigación de la UdeA de cara a Colombia y al mundo. Necesitamos una hoja de ruta para integrar y guiar a los nuevos profesores. Necesitamos generar unos mecanismos de financiación de investigaciones más acordes con la dinámica de cada disciplina y que no perpetúe un sistema de éxito a los exitosos. Necesitamos en últimas, liderazgo, norte y recursos, y un aprovechamiento real de las capacidades de los investigadores de la UdeA. Ya mostraron que a pesar de todo, pueden producir más (y ojalá mejor) que sus pares en otras universidades nacionales.